La autopista México-Querétaro a la altura de Cuautitlán Izcalli y Tlalnepantla es uno de los motores logísticos más dinámicos del país, pero también uno de los tramos más castigados por el rodamiento pesado continuo. Cientos de tractocamiones maniobran cada hora entre almacenes de distribución, erosionando carpetas asfálticas diseñadas hace décadas para un volumen vehicular muy inferior.
Impacto cotidiano en los accesos habitacionales
La saturación de las naves industriales ha desbordado el tránsito de carga hacia vías secundarias y avenidas residenciales que no cuentan con base de concreto hidráulico. Las colonias contiguas a los parques de almacenamiento resienten el deterioro acelerado de pavimentos, fracturas en banquetas y congestionamientos matutinos que bloquean la salida de los habitantes hacia sus centros de trabajo.
A pesar de las contribuciones fiscales derivadas del sector inmobiliario industrial, la reinversión municipal en infraestructura de mitigación vial avanza con lentitud frente al ritmo de apertura de nuevos centros de distribución.
Corresponsabilidad fiscal e infraestructura pesada
Diversos comités ciudadanos y colegios de ingenieros de la región conurbada plantean la necesidad de esquemas de aportación obligatoria para el mantenimiento de pavimentos por parte de las grandes plataformas logísticas. El crecimiento del empleo regional no puede sostenerse a costa del colapso de la movilidad diaria de quienes habitan el municipio.